domingo, 21 de octubre de 2007

Los Arévacos y la destrucción de Numancia

Los Arévacos o Segerdados, llegados a Ibería en el siglo IV a.c, de origen plenamente celta, como casí todos los pueblos que se establecieron al norte del Tajo, constituyeron un poderoso reíno en el valle del Duero y el sístema Central.

Sus ciudades más importantes fueron Arekoratas (Ágreda, en Soria), Kaiseca (Sigüenza, en Guadalajara), y, como no, todo un nombre para la Historia, Numantia (Numancia, en Soria)

Este pueblo era un pueblo eminentemente agrícola y guerrero, con una economía de subsístencia y una estructura social estrictamente jerarquízada, con varías clases o castas guerreras.

No eran sin embargo un pueblo unido, cada ciudad era autónoma del resto, y vivían casi aísladas de las demás. No poseían, pues, una estructura territorial defínida, e incluso podían, en ocasíones, disputar entre ellos por mejores tierras de cultivo o para adoctrinar mejor sus tropas.

El jefe de cada ciudad era el caudillo militar, el lider del ejército y el patríarca de la población cívil. El observaba y dirigía todos los asuntos importantes y los regía con mano de de hierro.

Estaban tan acostumbrados al combate, y su mentalídad era tan belícosa que para ellos morir en combate constituía un honor, y morir de vejez o enfermedad una deshonra.

De sus ritos se sabe que no enterraban a sus muertos sino que los incineraban o los guardaban en cuevas.

Adoraban a un díos creador del que no se conoce el nombre y a Endovélico, el díos de la guerra, que compartían con los calaicos y lusitanos. Se sabe que a ambos les ofrecían diferentes ritos en las noches de plenilunio y en ocasiones especíales.

De su historia se sabe que al poco de su llegada a Ibería constituyeron un poderoso reíno en la meseta del Duero, teníendo otros pueblos íberos como tributaríos. Cuando Asdrúbal y Anibal empezaron sus campañas por Ibería eran el pueblo más poderoso, y guerrearon ferozmente contra ellos, pero al final fueron vencidos y convertidos en alíados de Cartago.

Pero después de la derrota del geníal cartaginés en Zama este pueblo recuperó su independencía y estructura de antaño, y practícamente en ese momento se inició la expansión romana desde el Este y el Sur y la rebelión de Viriato.

Los Arévacos no participaron activamente en ella, actuaron, en términos actuales, de servício de información y protección del bando íbero.

Muerto Viriato los romanos se lanzaron a la conquísta total y los Arévacos fortalecieron sus ya de por sí sólidas ciudades y se enceraron en ellas, dedicándose a la defensa casa por casa y hombre por hombre.

Corría el año 153 a.c, y una nueva guerra con Roma había comenzado. las ciudades arévacas fueron cayendo, una tras otra, sin dejar prisioneros. Sólo quedaba Numantia, la capital.

El consúl Nobilior estableció un fuerte cerco que evitaba que los numantinos recibieran ningún tipo de ayuda del exterior.

Los romanos basaban su estrategía en bombardeos con catapultas y asaltos nocturnos, y los arévacos defendían sus última fortaleza como verdaderos salvajes. se vivíeron episodios de canibalísmo y se cometíeron actos verdaderamente truculentos por parte de uno y otro bando.

Después de años de asdío Numantia cayó. Su heroíca defensa quedará para la Historia. Su última noche, con la destrucción hasta los cimientos de la ciudad y la muerte de toda la población constituyó taién un mito: ¿Suícidio voluntarío o barbaríe romana?. Las fuentes no nos dan información lo suficientemente clara, aunque parece más probable, pese a la heroícidad arévaca, lo segundo que lo primero.

Próximo artículo: Soldurio astur.

Tags: Historia de España

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