domingo, 28 de octubre de 2007

Soldurio astur

Procedentes del valle fluvial del rio Istrio (Danubio), por deformación lingüística se convirtieron en los astures una serie de pequeños pueblos celtas que habitaron esa zona montañosa del Norte de Ibería.

Habitaron no sólo lo que hoy, en su honor es Asturias, sino también parte de León y Cantabria, junto a sus primos hermanos los Cántabros, y un poco más al Este, los Vascones.

No se sabe con certeza cuál fué la fecha de su llegada a la Península, hay quién cree que son de los más antiguos, en torno al VII a.c, lo que explica su modo de vída más "bárbaro", que el de otros pueblos, además de su indómito carácter y sus antiguos ritos, practicados y conocidos únicamente por ellos.

Su economía era pastoril, con rebaños de vacas y caballos salvajes (los célebres asturcones) que críaban en las montañas. No tenían ciudades, sino que vivían en pequeños grupos y pequeñas aldeas. Aíslados entre ellos por las frías e impracticables montañas, eran autónomos y autosuficientes.



Tenían una lengua parecída a la ligur itálica, lo que hace que durante mucho tiempo se pensara que tuvieran una relación étnica de algún tipo con ellos, lo que remontaría su progen al VIII a.c, y los diferenciaría de los demás peblos del Norte Peninsular, todos de ámbito celta salvo los Oretanos de Valencia y los Ilergetes de Cataluña.


Su historia nos es bien conocída por diversas fuentes romanas, todas escandalízadas de que un "grupo de salvajes y bárbaros" pusieran en jaque las invencibles legiones romanas durante tanto tiempo, utilizando la guerra de guerrillas miles de años antes de que está táctica fuera considerada una estrategía de guerra, evitando el enfrentamiento directo, aguantando al invasor hasta la extenuación y prefiríendo el suícidio a la rendición.

Los Cantábros se acabaron sometiendo, los Vascones se refugieron en los más recóndito de los Pirineos, los últimos soldurios astures ofrecieron una última y desesperada resistencía para después suicidarse con jugo de endrino.

Sus últimos actos de valiente resistencía al invasor fueron contemplados por el mismísimo Octavio Augusto, primer Emperador de Roma, que tuvo que venir a Hispania a someter a un pueblo humilde pero que le provocó enormes quebraderos de cabeza (año 40 a.c, aprox)

Próximo artículo: Los Oretanos, Condestanos y otros pueblos del Levante: el misterío de la Dama de Elche.

Tags: Historia de España

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