sábado, 08 de diciembre de 2007

Turdetania y el enigma de Tartessos

Habitantes de la cuenca del Guadalquivir, los turdetanos fueron los más avanzados, económica y culturalmente, de los pueblos íberos a la llegada de Roma a la Península.

Esta riqueza no sólo era debida a las posibilídades mineras y agrarias que ofrecía el terreno que ocupaban, sino también el tener la capacidad intelectual y el desarrollo industrial adecuado para sacar partido a esos beneficios que la tierra les aportaba.

Étnicamente se dividieron en dos ramas:
- Los túrdulos, habitantes del interior y más retrasados cultural y económicamente

- Los turdetanos propiamente dichos, habitantes de la zona costera, con muchas ciudades comerciales importantes, como Gadir (Cádiz), Onuba (Huelva) e Hispalis (Sevilla), fuertes militar, cultural y económicamente.

Aparte de si eran o no descendientes directos de los tartesios, lo que se va a tratar enseguida, los turdetanos fueron afortunados en dos cosas:

- Tuvieron durante mucho tiempo la suerte histórica de establecer contactos comerciales con las dos civilizaciones más importantes de la Historia Antigua antes de la llegada de los romanos: Fenicios y griegos. Y supieron aprender de ellos.

- Su situación geográfica era propicia y envidiable.


Sin embargo, nada pudieron hacer frente al ejército de mercenarios cartaginés, primero, y frente a las legiones consulares de Catón, después, y poco a poco fueron perdiendo su poderío, hasta convertirse, en sus últimos tiempos, en un simple pueblo de cultivadores y ganaderos que malvivían en las riberas del Guadalquivir.


Ahora llegamos al gran místerio de la historiografía hispánica, y yo diría que occidental. Intentemos retroceder en el tiempo... Estamos en el siglo XIV a.c, la Edad de Bronce está a punto de terminar para dar paso a la de Hierro.

En la Península Ibérica todo es un caos: Las invasiones ligures y pre-celtas han convertido a este territorio, desde los Pirineos hasta la ribera norte del Tajo en un escenario caótico donde decenas de pueblos luchan por la supremacia. Aqui no hay cultura: todo es guerra, muerte, destrucción. Esta tierra sólo es pasto de la espada y el atraso.

Sin embargo, cruzado el Tajo, empezamos a ver cultivos, pequeñas ciudades que progresan, un ejército disciplinado y en paz que se dedica a garantizar la convivencia de sus ciudadanos, unos mercados que organizan rutas caravaneras hacia el interior, grupos de sabios e intelectuales que son escuchados por aquellos que quieren aprender. Hemos entrado en el reino de Tarstsia (Tartessos)

Este reino, que había surgido en tiempos inmemoriales y en el que algunos han visto reflejada la Atlántida de Platón. Ocupó, en sus mejores tiempos, toda la mitad sur de la Península, desde Huelva a Murcia, desarrolló una increíble civilización comercial, agrícola y minera que fué el asombro de los fenicios y griegos cuando establecieron contacto con ellos. Los griegos les recuerdan el uno de los trabajos de Hércules: el de Gerión, y los fenicios en varias estelas y en el mito de Gárgoris y Hábis.

Una civilización que cruzó el Mediterraneo y construyó una ciudad en Córcega (Nora)

Una civilización que quizás fué la primera en surgir, incluso más temprana que la egípcia, y que además estableció también contacto con el pueblo de las Pirámides.

Una civilización que se confunde entre las brumas del mito y la historia, y de la que no se sabe si realmente existió.


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Tags: Historia de España

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