miércoles, 12 de marzo de 2008

Verghina

Babilonia, la grande. Una de las cunas de la humanidad y una de las ciudades más sucias y caóticas del mundo, pese a la majestuosidad de sus monumentos.

Sometida por los persas hasta que llegamos nosotros, los macedonios y helenos, aunque estos contra su voluntad, ya que a estos perros les gustaría más andar zanganeando por las calles de Atenas o conspirando contra nosotros que luchando aquí en nuestro favor.

Y sin embargo hasta aquí hemos llegado, después de llegar a las fuentes del Indush, en las más remotas satrapias persas. Hasta aquí hemos llegado, con nuestros hombres hartos, cansados, llenos del polvo del viaje y de la guerra. ¿Cuánto más tendremos que pelear?
¿Hacía dónde iremos? Ya sólo la poderosa y traicionera Kart-Hadta podría hacernos frente. ¿Es  ese el deseo de Alejandro?. Poner el pendón de la Verghina macedonia en las centenarias murallas de Cartago. Sería un sueño más, no imposible, pero un sueño. Pero, ¿acaso no era un sueño llegar hasta aquí, y hemos recorrido muchos centenares de kilómetros más?. los soldados más fieles, los temibles argiráspides, ya ponen sus sarissas a punto. La flota macedonia y la de apoyo helena (sí, parece que aún están de nuestro lado) vn de puerto a puerto reclutando hombres y suministros.

Y sin embargo no todos están de acuerdo con la política de Alejandro.De hecho entre los generales que levamos con él todo el tiempo, incluso desde el destierro en Épiro hasta hoy, sólo Crátero, Pérdicas y yo seguimos aún totalmente de su lado.

¿Quién soy yo? Sólo uno más de aquellos que luchamos y penamos.

Alejandro se ha convertido en un rey déspota y absoluto, para aquellos que sólo ven lo que quieren ver. Pero yo sé que desea. Pretende unir lo heleno con lo macedonio, y esto con lo persa. Curiosa mezcla,pero muchos generales jamás le apoyarán... eso bien lo sé yo.

¿Quién soy yo? Sólo alguién que aprendió a luchar y a estar informado.

De repente, alguién entra. Es un hetairo de la escolta de Alejandro. Lleva el mísmo uniforme de luto que llevaba el propio Alejandro desde la muerte de Hefestión, a pesar de que fue él quién lo asesinó con sus propias manos. Se acerca a mí y me abraza...

No lo puedo creer. Casí me desplomo sobre el suelo al escucharle. Muerte, tragedia y destrucción. Asesinato. Barbarie.

La enfermedad repentina y extraña que Alejandro venía padeciendo desde hacía unas semanas ha acabado con él. Yo siempre supe que no era tal enfermedad. Yo siempre temí lo peor, e intenté avisarle. No me escuchó y esa fué su ruina.

¿Ahora qué? algunos generales ya estara frotándose las manos. Intentarán acabar pronto con los planes de Alejandro, los conozco, he  compartido muchas copas de vino con ellos y sé como piensan y actúan, y lo que quieren hacer con el Imperio. Lucharé con todas mis fuerzas para que no todo se dilapide con la velocidad del rayo.

Pero yo sólo soy Ptolomeo, hijo de Lago.



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