jueves, 27 de marzo de 2008

El carro de trigo

No sé leer, ni escribir, y sin embargo si no fuera por mí mucha gente moriría de hambre.

Tampoco soy un rey, ni nadie importante, y tampoco cambio mi vida  por la de nínguno de ellos. Soy de la opinión de  Aquiles en el Hades, cuando dijo "Preferiría ser un pobre labriego en la tierra que un señor aquí abajo".

Pues bien, yo soy ese pobre labriego. Esposo de una mujer, ni muy bella ni muy fea, pero noble y humilde como pocas. Soy padre de un hijo, de los cinco que Berenice y yo tuvimos, los otro cuatro reposan hoy en el suelo de nuestro huerto.

Para ellos no se construyeron pirámides, ni hornos crematorios.

Para nosotros no es el Faro que nuestro rey Ptolomeo construye en Alejandría. Tampoco la Biblioteca que funciona desde hace unos años, y si embargo si gente como nosotros no trabajáramos no habría dinero para faros, ni para pirámides, ni para hornos.

Tampoco somos macedonios, ni tenemos los mismos derechos que esa gente soberbia y arrogante, sino emigrantes de Lacedemonia que vínimos aquí desde la Hélade corrupta y fracasada en busca de un futuro mejor.

Lo primero que Egipto hizo por nosotros fué cobrarnos la Real Cédula de Comercio para permitirnos hacer lo mismo que hacíamos antes gratis.

Aún no hemos visto ni un ochtadrachmaion de oro con la efígie de nuestro soberano, así que no sabemos como es. Pero sí sé que vive muy bien , y se permite lujos, mientras aquellos a los que debe su modo de vida penamos y nos rebozamos en la escoria que él no quiere y que nunca verá.

Sin embargo aquí estamos, quizá nos hizo llegar hasta aqui el desastre y la misería de nuestra antigua casa, o la promesa de una nueva vida, en un lugar como este, la creencia de que nos recibirían con los brazos abiertos... ensoñaciones que no se han cumplido.

Pero sin embargo tampoco vívimos en la absoluta pobreza, si me quejo me quejo porque nunca uno está satisfecho con lo que tiene, si se es humilde y ve a su aldrededor lujo y vanidad.

Pero yo cargo todos los días mi carro de trigo, trigo que será pan para los hijos de Egipto, y también para los macedonios engreidos e invasores, y para los helenos sometidos, y para los judíos de Siria... quizá este trigo llegue incluso a Italia, a Roma, a la mesa de algún senador...

Si no fuera por este trigo media Oikuneme moriría de hambre.










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